Dragolandia

Urdangarín y Roldán: ¿Vidas paralelas?

     Plutarco, uno de los mayores genios e ingenios de la historia de la humanidad, urdió un formidable artilugio narrativo e histórico en sus Vidas paralelas. La fórmula de ese libro es similar al diseño de la cinta de Moebius, que no termina nunca,  porque se cierra sobre sí misma. Viene a ser algo parecido a la hoja de ruta de Ulises, que escenifica a la perfección, como lo hacen la Eneida y La Divina Comedia, la eterna intentona del nosce te ipsum. Lo que Plutarco inventó es lo que ahora se llama novela de no ficción. O, si lo prefieren, saltando al cine, que es la narrativa de nuestra época, el biopic.

Sexo seguro

     Como es bien sabido, nuestras autoridades, siempre celosas de preservar los derechos humanos, el bienestar y la seguridad jurídica de sus ciudadanas y ciudadanos, tienen el proyecto de modificar la Ley de Enjuiciamiento Criminal a fin de que toda relación sexual que no sea expresa y explícitamente autorizada por la parte femenina o transexual de la misma sea considerada como un delito de violación, bastando para ello la declaración o denuncia de la interesada, denuncia que sólo podrá ser desestimada mediante fidedigna prueba documental aportada por la parte masculina. A fin de facilitar la aportación de dicha prueba, se distribuirá entre la población el siguiente documento  a fin de que pueda ser debidamente firmado por la interesada.

Sobre el consentimiento sexual

Considérelo, señora Calvo. Usted sabe que la aprecio. Se lo digo bona fide, con el respeto que a priori -a posteriori, según- me merecen por igual todos los seres humanos, cualesquiera que sea el sexo (categoría biológica) o el género (categoría psicológica) al que pertenezcan.

 

Si pica, es humor

(fragmento del texto con el que hace unos días me sumé al homenaje a Jardiel Poncela organizado por su nieto en la Sacramental de Santa María)

 

Querido Enrique Gallud Jardiel (y subrayo lo de Jardiel): me pides que te envíe desde Tokio, adonde me he venido huyendo de esa España, más bien Caconia, en la que los ladrones siguen siendo gente honrada, unas palabras de homenaje póstumo a tu abuelo, cuya obra, a la sazón acosada, fue crucial para nosotros, los de entonces, los chicos jaraneros y alborotadores -así nos definió, no sin sentido del humor, el Caudillo- que en febrero de 1956 organizamos el primer motín antifranquista contra el Régimen entonces imperante.

No se puede caer más bajo...

     ...en el descenso a la vulgaridad, a la chabacanería, a la manipulación y a la falta de respeto a uno de los más grandes hombres y altos nombres de nuestra literatura.     

El cartelón que hoy me ha llegado por correo electrónico a Tokio es lo suficientemente explícito como para no requerir comentario alguno.

Aqui lo tienen.

Comer a la española en Tokio

      Sigo vagabundeando, sólo entre las seis de la tarde y las diez de la noche, por la capital de Japón. El resto del tiempo lo dedico a escribir.

      Ceno fuera. Tokio es, a mi juicio, y para mi gusto, la ciudad del mundo donde mejor se come. Cuando hace cincuenta años llegué a ella sólo había un restaurante español. Creo que se llamaba Las Campanas, pero no estoy seguro, y ya no queda por aquí nadie que me refresque la memoria. Lo llevaba un burgalés, Bernardo, y estaba en los sótanos del hotel Okura, a dos pasos de nuestra embajada. Ya cerró.

El fin del mundo está servido

      Hablaba yo del turismo en una entrega anterior de este blog, aunque mejor sería decir que echaba pestes al respecto. Ese mismo día, horas antes de colgar mi diatriba, me envió el periodista, y escritor, y viajero de verdad (esa especie en extinción), y viejo amigo Luis Mazarrasa, el extraordinario artículo que a continuación me tomo la libertad de reproducir. Apareció el día 15 en El País. Su autor, al que no conozco en persona, se llama casi como yo: Fernando Sánchez... Alonso.

Mi último viaje

Estoy, desde hace ya varios días, en Tokio y en Tokio seguiré hasta el 18 de julio.

     Emprendí este viaje con melancolía... Tenía y tengo la sensación de que lo hago por última vez. He pasado en Japón diez años de mi vida. Llegué en 1967, me fui un año después, y a partir de esa primera espantada volví, y volví, y volví. No lo había hecho, en esta ocasión, desde noviembre de 2012. Casi seis años de ausencia. Tengo ochenta y uno. Si ese ritmo se mantiene... 

Los misioneros portuarios chamullan el inclusivo

"Escucho en Antena 3 a un joven voluntario de la Cruz Roja en lo del Aquarius y en su perorata. Después de mucho "compañeras y compañeros" (da un paso más allá y ahora la muletilla de los idiotos e idiotas va primero en femenino; ¿y por qué no se dice femenina, ya puestos?), después de hablar como el perfecto imbécil que es, comenta que los refugiados, al desembarcar, deben de sentirse "cómodas y cómodos". 

El caballo de Atila

Día 19 de junio. Voy de buena mañana hacia la glorieta de Bilbao. Son las ocho y cuarto. Casi nadie, de momento, en la calle de Fuencarral, a la altura del antiguo Drugstore (el primero que hubo en Madrid), reconvertido hoy en uno de esos batiburrillos comerciales donde venden casi todo y casi nada. Relativo y agradable silencio que se ve, de repente, turbado por un absoluto y desagradable fragor. Salgo de mi ensimismamiento. Me pregunto si será el galope de los cascos de los corceles del Séptimo de Caballería o el rechinar de las llantas orugas de los carros blindados de una división Panzer del ejército de Hitler o el taconeo furioso de la avanzadilla de las amazonas del movimiento Me Too que han decidido tomar el centro de la ciudad para obligar a los varones a llevar faldita tableada. Miro, sobresaltado, a mi alrededor. No, no... 

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